Volver a la raiz

Esto que escribo vendrá con una perspectiva de interrogantes sobre este viaje, sobre este reencuentro, antes de que comience la aventura y la perspectiva quizás cambie.

Nací en Bogotá la capital de mi país, una enorme urbe de concreto donde crecí, estudie, trabaje, etc… Paradójicamente siempre me gustaron más los lugares naturales, llenos de árboles, al lado de ríos o del mar donde pudiese observar animales. Más paradójico aun es que muchos de esos lugares estaban dentro de Colombia y nunca fui a conocerlos. Hoy, hago reflexiones del por qué, sabiendo de todos estos lugares hermosos, nunca fui. Pudo ser que crecí en épocas de guerra y el solo pensar de tomar la ruta para ir al pueblo más cercano era impensable y motivo de miedo, pudo ser también que las cuestiones económicas nunca lo permitieron y que además mi espíritu viajero todavía estaba dormido o entretenido con otras cuestiones.

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Ya han pasado casi nueve años desde que partí de Colombia en 2008, con una posibilidad de volver que se dio en 2011 y solo por las dos clásicas semanas de vacaciones, donde hice la visita familiar respectiva y me quedé con ganas de algo más porque al final es poco tiempo para viajar por un país. Casi nueve años que fueron alimentando en silencio las ansias de visitarlo de verdad o al menos visitar esa parte que me interesaba desde siempre, su naturaleza: sus mares, sus bosques, sus selvas, su gente; cosas que sin conocerlas aprendí a valorarlas porque todos mis amigos y hasta mi esposo que habían viajado a Colombia me hablaban de éstas con alegría y admiración. Cada persona que conocía que había visitado mi país me preguntaba cuando iba a volver y yo no sabía que responder, sinceramente porque no tenía intenciones de volver, quizás de nuevo en otras vacaciones y eso sería mucho. Siempre fui una persona desarraigada, debe ser por eso que la nostalgia de los seres queridos y de los lugares donde he vivido y me he ido no me da tan duro. Yo nunca conocí ese país del que tanto me hablaban las personas y toda esa belleza de historias, cuentos, leyendas y mitos me era un poco lejana.

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A distancia fui teniendo una mutación, así mismo Colombia fue cambiando poco a poco y Bogotá así también lo hacía. Mi padre me lo anunciaba cada vez que hablábamos por teléfono. Viví, a lo lejos, importantes cosas que le pasaron al país: noticias de secuestrados liberados, tratados comerciales internacionales firmados, cambios de gobierno, fallecimiento de personalidades importantes, retiro de visa para entrar en un continente, conflictos armados terminados o al menos detenidos e igualmente crisis económicas, sociales, ambientales o culturales que aún continúan como en muchos otros países.

Estas crisis ambientales y culturales han hecho que el deseo de un reencuentro con el país del Sagrado Corazón, como lo llaman los colombianos crezca, porque todo lo que sucede ahora en el país se vincula directamente con Horizontes Salvajes. La riqueza natural y cultural eran motivo suficiente para comenzar en Colombia esta aventura, este primer viaje. Pero si estas riquezas estaban siendo vulneradas esto me daba más argumentos para comenzar desde allí.

Después de todas estas reflexiones vino la pregunta importante sobre el tiempo, de cuantos días iba a tomar hacer este primer viaje largo, porque se sabía que era necesario tener una fecha de regreso, aunque no quisiera. Queríamos recorrer la mayoría de lugares escogidos pero sin hacerlo de forma turística, pretendíamos convivir con diferentes comunidades del país y tomar momentos de calidad en compañía de estas. Colombia era un país generosamente grande en comparación a otros como Ecuador, Uruguay o El Salvador y recorrerlo casi en su totalidad nos requería un margen bastante amplio entre el principio y el final del viaje. La decisión final fue optar por cuatro meses, tiempo que espero permita realizar todo lo que hemos venido planeando para este primer viaje.

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No puedo negar que hay cierta sensación de miedo a la incertidumbre de lo que será el viaje, de lo que será ese reencuentro después de tantos años sin ir a Colombia y al mismo tiempo siento emoción, alegría, ansiedad. Lo que me alegra verdaderamente es que todos estos sentimientos que se me mezclan ahora los podré compartir con mi compañero de aventuras.

Juliana

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