Cruce de cordilleras

Para quienes no conocen Colombia, es bueno que sepan que es un país rico en montañas, posee tres cordilleras; la oriental, la central y la occidental. Nuestro viaje comienza en Bogotá, en la primera cordillera, dirección Pereira que se encuentra en la segunda. Este es un inicio de viaje que regala su magia minuto a minuto tras cada pedaleo sobre mucho relieve.

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La salida de la capital de Colombia se torna un poco estresante en los últimos tramos a causa de los embotellamientos, en donde tenemos que meternos en medio de todo tipo de vehículos; buses, camiones, motos y autos. Saliendo triunfantes con nuestras dos fieras Bagherra y Nala, seguimos nuestro camino dirección Flandes, un pequeño municipio del departamento del Tolima. Es aquí, donde hacemos nuestra primera parada, el clima es agradable y nos va dando la tranquilidad que necesitamos después de un buen esfuerzo. En Flandes, gracias a la ayuda familiar, podemos dormir en un bella casa, la cual nos brindaba comodidad y bienestar por unos cuantos días. Allí conocemos a nuestra primera anfitriona local; la Señora Obeida, ángel quien desde que nos conoce no duda nunca en ofrecernos su hospitalidad. Nos sentíamos como sus nietos. Su mayor preocupación es nuestra alimentación, con ella no nos faltan frutas como guayabas, mangos o lulos y el contacto que tenemos con nuestras familias. Al final de nuestra estancia en Flandes nos sentimos queridos por tan buenos tratos  y atenciones.

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Seguimos nuestro rumbo dirección Ibagué, capital del Tolima. El clima siempre contundente en sus 30° nos acompaña. En este momento del trayecto nos pasan dos cosas extraordinarias en la ruta… Como lo dijimos al principio, el inicio del viaje iba ya cargado de magia. Primero se abre ante nosotros una gran pista ciclable, donde no nos molesta nadie, es como si alguien ya sabe que vamos a pasar por ahí y nos deja ese regalito de cortesía antes de comenzar a entrar a la cordillera central. Libre de autos y sobre todo de camiones, nosotros somos aves en vuelo y la sonrisa la tenemos de oreja a oreja.

Lo segundo que nos pasa es que sin darnos cuenta y más pendientes de la subida de la montaña que de otra cosa, dejamos de ver una señal que nos indica que no podemos cruzar en bicicleta un nuevo túnel que acorta la distancia para llegar a Ibagué. Al llegar, persuadimos entre palabra y palabra a los trabajadores del puente para que nos dejen pasar, quedando ellos un poco perturbados por la situación. Al final  del túnel y avanzando unos metros más nos detiene la policía de rutas. Hay un poco de nerviosismo pero con la calma del momento Adri explica la situación y nos disculpa ante los agentes  quienes nos dejan pasar, advirtiéndonos que tengamos más cuidado para otra ocasión (atención cicloviajeros en la ruta ).

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Ya al llegar a Ibagué conocemos a Hernando Contreras, un emprendedor que decidió cambiar su vida para dedicársela al medio ambiente a través de su proyecto “Reserva Natural Aguas Frías” donde además de cultivar plantas endémicas de la zona, transmite a niños, jóvenes y adultos la importancia del cuidado y protección de la naturaleza a través de soluciones prácticas y cercanas a su comunidad. Nuestras conversaciones con él y su colega de trabajo Daniel nos enriquecen y nos dejan ver que hay personas que viviendo cerca de una ciudad también siguen apostando por la conservación del medio ambiente.

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Nuestra ruta continua y comienza a subir y a subir. Vamos en dirección el Alto de la Línea que en breves palabras lo vamos a titular como uno de los grandes pasos de “La vuelta a Colombia” lo que seria para los franceses un buen paso de montaña del “Tour de France”. Todos los colombianos no los describen como una subida muy exigente y dura, descripción a la cual ya nos hacíamos a la idea. Llegar al paso nos cuesta dos días, con el gran detalle que el primero subimos casi que con la ruta despejada para nosotros. Sucede que en medio de nuestra concentración para ascender, comenzamos a ver una línea de camiones y autos detenidos en la ruta, avanzamos y preguntando nos enteramos que hay un camión volcado a unos cuantos metros y que contiene productos tóxicos lo que hace que todo el tráfico se detenga. Hablamos con unos agentes de policía que controlan la situación y que detienen toda la circulación para que nos dejen pasar, viendo que nuestros vehículos no poseen ningún tipo de motor (bueno si, nuestras piernas) nos dejan seguir nuestro camino. No lo podemos creer, es como si tuviésemos casi que otra pista ciclable para nosotros. La alegría nos desborda porque pedalear cuando tienes camiones enormes en una ruta estrecha de montaña es agotador y viendo que la suerte estaba de nuestro lado no desaprovecharíamos ni un segundo. Subimos hasta que el cuerpo dice no más, dejamos los 13 km restantes para el siguiente día.

Comenzamos a buscar alguien que nos brinde un espacio para poner nuestras colchonetas y dormir esta noche. Seguir con nuestra buena estrella es lo mejor. Pasa que la ruta es estrecha y si encuentras algo son pequeñas casas que están bien pegadas al borde de la vía. Intentamos dos veces sin conseguir resultado, pero como dicen por ahí: la tercera vez puede ser la vencedora. Una pequeña familia que habita en una pequeña casa pegada a la ruta nos acoge y con toda la sencillez nos ofrecen un espacio para poder dormir, así mismo compartimos con ellos la cena, momento que se vuelve acogedor  y podemos compartir un poco de nuestras vidas. Ella se llama Luisa y el se llama Camilo, son jóvenes pero ya tienen una niña, Mariana, y un niño, Camilo, como su papá. Los cuatro hacen una familia adorable y su modo de vida transmite solo tranquilidad, nunca han salido de la zona en la que viven y eso hace que también nos hagan muchas preguntas del lugar del que venimos y porque hacemos lo que hacemos. La noche llega y es hora de dormir, al otro día nos espera nuestro objetivo. Despertamos, hemos dormido parece que lo suficiente para comenzar a subir. Antes de salir Luisa ya nos ha preparado un rico desayuno para agarrar fuerzas en lo último que nos queda de ascenso. Nos despedimos con un fuerte abrazo de los cuatro, quienes nos desean lo mejor para lo que sigue del resto del viaje.

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Salimos con un excelente clima, mi concentración es mucho mejor que la del día anterior y siento que tener los camiones al lado no me afecta para nada. Adri está también muy motivado y pedalea en equilibrio con el hermoso día que nos regala la montaña. Nos queda la parte más dura de la ruta; más pendientes y más curvas.

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Hoy no pensamos en kilómetros sino en desnivel pero mentalmente no nos agobia. Hemos venido también recolectando la buena energía de la gente y el apoyo de muchos que nos ven en la ruta, nos gritan palabras de aliento y hasta de admiración por vernos con nuestras bicis subiendo con “verraquera” como dicen en Colombia. Aunque no parezca, todo ese apoyo ayuda y hace pedaleemos con más animo. Por fin, pasado el medio día llegamos al tan famoso “Alto de la Línea”, estamos muy contentos, emocionados. Lloramos y reímos sin control. Yo tomo aire y lo único que me sale es un grito muy fuerte al cielo, con Adri nos abrazamos por unos segundos mirándonos a los ojos confirmando que lo hemos logrado.

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Tomamos nuestro merecido descanso en un parador que hay sobre la ruta comiendo queso con agua de panela. En pocos minutos la neblina lo cubre todo y la lluvia cae sin pausa, nosotros estamos al abrigo  de un techo tomando algo caliente antes de empezar el descenso. La alegría sigue a flor de piel, pero bueno ahora hay que concentrarse en la bajada porque en condiciones de lluvia, la ruta hay que tomarla con mucha mayor cautela. Nuevamente el universo conspira a nuestro favor, hay otro embotellamiento y esto hace que podamos tener la ruta un buen tiempo para nosotros solos, es increíble. Minutos más tarde llegamos a Calarcá, municipio del departamento del Quindío, la belleza del paisaje cafetero no se deja esperar; colinas, grandes montañas, guaduales por doquier y un verde cautivante.

Este cruce de cordilleras ha sido inimaginable; hemos vivido todo, no solo el esfuerzo físico y mental, sino también los detalles que van dando sabor a esta, vamos a decir, odisea como: la gente, los paisajes, el clima y la buena estrella que nunca nos deja de acompañar.

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Un comentario sobre “Cruce de cordilleras

  1. Magnifique, belles rencontres, nature exceptionnelle…. il faut que je me contente de l’approximation de la traduction de google… Bisous Agnès et Dominique, on est avec vous dans les sacoches…

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