Entre sol y lluvia por tierras cafeteras

Después de un merecido descanso en Salento, volvemos a las rutas del eje cafetero dirección Medellín. Comenzamos a pedalear nuevamente llenos de energía, renovados y contentos de conocer las maravillas naturales que nos comienza a mostrar Colombia.

En el camino la ruta siempre es regular, sube pero no es de forma abrupta y como desde el principio que entramos en tierras cafeteras, el paisaje  acompaña de manera perfecta. Hay montañas a nuestro alrededor constantemente y las explotaciones de café  se ven por doquier, pedalear aquí se vuelve muy placentero, lo único que perturba en ocasiones nuestro ritmo es el clima variable que nos trae el sol en la mañana y la lluvia en horas de la tarde.

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En nuestro recorrido atravesamos la ciudad de Pereira, en donde entramos y salimos rápidamente. Siempre el atravesar una ciudad me genera un poco de estrés y aunque Adri es experto en sortear de manera inteligente todo el tráfico, esto no impide que yo pedalee a fondo como si algo o alguien nos estuviese persiguiendo. Ya nuevamente en el campo los esfuerzos se centran en subir y bajar continuamente sobre la ruta. Al final de la tarde, ya buscando nuestro lugar para dormir, encontramos un sitio perfecto.

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Llegamos a una explotación de café que se llama “Finca La Doctora”. El por qué del nombre, no lo sabemos, la verdad no indagamos mucho al respecto, solo sabemos que es una de las más grandes de la zona a donde llegamos. Como siempre, pedimos el favor que nos permitan alojarnos para descansar. Para nuestra sorpresa nos dejan quedar en una gran habitación compartida donde duermen los trabajadores de la finca y aun con más suerte hay camas a disposición para dormir esta noche. Después de un gran día, esta oferta nos viene muy bien.

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Conocemos a Fernando y Helena quienes viven con su familia. Es Helena quien hace la comida para todos y esta vez nosotros estamos invitados también para participar de la cena. Mientras tanto, conocemos un poco el lugar y discutimos con  Fernando sobre como es la vida de trabajo en un cafetal. Nos explica cuales son los tiempos de recolecta del café y como es el trabajo de los recolectores. Es un trabajo muy arduo y al verlo, valoramos ese producto orgullo agrícola de los colombianos.

A la mañana siguiente partimos sintiéndonos muy bien y dispuestos a seguir nuestra camino. Partimos no sin antes tomarnos un buen café, haciendo honor a este bello lugar. Vamos atravesando los departamentos de Risaralda, Caldas y Antioquia; el paisaje se vuelve más y más agradable, la gente de los pequeños poblados nos saluda de manera cordial, la arquitectura del campo resalta entre tanto verde y las plantaciones de café van siendo acompañadas también con las de plátano, papaya, naranja, mango o maracuyá.

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Cuando llegamos al departamento de Antioquia vemos que estamos al lado del gran río Cauca que, al verlo, genera respeto. Tiene un enorme caudal y como es época de lluvias se vuelve aun más poderoso. Esta noche tenemos la suerte de dormir al lado de él.

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El señor que nos acoge se llama Orlando, es oriundo de Medellín y tiene una pequeña finca al lado del río Cauca donde construyó una linda casa que va bien con el paisaje. Es aquí donde decidimos descansar y disfrutar nuevamente de la hospitalidad paisa. Aquí el río hace que el panorama cobre más vida y hace ver la montaña más majestuosa. La sola imagen nos va relajando. Don Orlando, aunque es un hombre solitario y un poco callado se muestra amable y abierto a escuchar un poco sobre nuestro viaje, esto hace que nuestra estadía sea muy amena. De nuevo, la gente local nos ha abierto no solo la puerta de su casa sino también de su corazón.

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Faltan pocos días para llegar a Medellín. Seguimos el viaje y tomamos una ruta que nos lleva por zonas ganaderas del departamento de Antioquia. El día de hoy el clima anuncia calor todo el día. Hasta el momento veníamos con sol y lluvia o lluvia y sol pero este día las altas temperaturas son la constante.

La ruta nos parece perfecta, es bastante plana y no pasan muchos vehículos, esto aliviana la marcha y pedaleamos tranquilamente. Aunque sabemos que en algún momento tendremos que comenzar de nuevo a subir, seguimos disfrutando la calma de la ruta.

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Son las cuatro de la tarde, Adri me propone avanzar un poco más para comenzar a subir y que el último tramo hasta Medellín no sea tan duro al siguiente día. Continuamos, el sol baja y con él la luz. Empezamos  a buscar rápidamente lugar para dormir, nada se ve a la vista, tenemos que seguir pedaleando y el cansancio del día se comienza a sentir. Además tampoco encontramos algún espacio para poner la carpa porque los pastos son altos y también todo alrededor está cercado. Al final vemos al lado derecho de la ruta una pequeña casa donde inmediatamente nos detenemos.

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Saludamos y vemos nuevamente si aquí nos pueden brindar un espacio para dormir. En esta casa vive la señora Amalia con sus dos hijas y su esposo a quien esperamos para que el autorice quedarnos por esta noche. Mientras tanto comienza a llover por montones. El haber encontrado este lugar a buen momento nos da un respiro. Las dos niñas de Amalia son muy tiernas. La mayor se llama Ana y el próximo año termina el bachillerato, es muy curiosa e inteligente y el entablar conversación con nosotros le da emoción y muchas ganas de saber todo lo que estamos haciendo con nuestro viaje por Colombia. Juliana es la menor, ella es muy traviesa y pícara, le gusta que estemos en su casa y también nos pregunta muchas cosas.

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En unos cuantos minutos llega el esposo de Amalia, se llama Mario; él es un poco más distante y reservado. Nos dice que el espacio de la casa es muy pequeño pero si queremos podemos poner nuestra carpa en algún espacio alrededor. No sabemos como tomar su respuesta, porque todos vemos que esta lloviendo muy fuerte y parece que no va a parar. Dejamos pasar unos minutos y le proponemos dejarnos dormir  en el pequeño patio exterior de la casa, Mario acepta y así vuelve a nosotros la tranquilidad. Presentimos que la noche va a ser larga, la lluvia se vuelve aún más fuerte.

Amanece, aun sigue lloviendo. Hemos dormido de manera intermitente, estamos cansados y aun nos faltan kilómetros antes de llegar a Medellín. ¿Esperamos o arrancamos? Me dice Adri. No lo dudamos mucho, decidimos partir pues  no es la primera vez que pedaleamos bajo la lluvia. La ruta por la que vamos está teniendo desprendimiento de rocas a lado y lado, debemos estar alertas porque además la lluvia no para y la fatiga de la noche anterior nos pesa.

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En cierto momento nos detenemos yo le digo a Adri que prefiero que hagamos autostop, me siento débil para seguir y debo recobrar fuerzas. La espera dura unos diez minutos, un señor se detiene con su camioneta y decide llevarnos con todo y nuestras bicicletas. Nuevamente nuestra buena estrella nos acompaña. Diego, nuestro anfitrión rutero nos puede llevar a Medellín y eso nos alegra muchísimo. Después, en camino, vemos los siguientes tramos de ruta y encontramos más derrumbes. Pensamos que el habernos detenido en ese momento fue lo mejor. Llegamos a Medellín más antes de lo previsto y ya no llueve. Descansaremos en la ciudad de la eterna primavera por unos días.

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Esta parte de nuestro periplo nos ha dado todo en variedad; clima, paisajes y gente, haciéndonos sentir muy bien, siempre acogidos y en confianza. Vamos conociendo poco a poco el país y sabemos que estos sentimientos se irán acrecentando y fortaleciendo.

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