Inmersión en medio de la selva amazónica

Faltan unos treinta minutos para aterrizar en Leticia, en la Amazonía colombiana, y la excitación de llegar no se hace esperar. Miramos por la ventanilla del avión y comenzamos a ver esa anaconda enorme de la que siempre hemos escuchado hablar, el río amazonas. Serpentea cruzando toda la selva, es enorme y además se mezcla con algunas lluvias sectorizadas que decoran el panorama. Esta hermosa imagen que vemos desde las alturas nos alimenta no solo los ojos sino también el alma.

Leticia nos recibe con bastante calor, la humedad se siente en el aire y yo estoy muerta de sed. Vamos caminando hasta el centro de la ciudad, vemos muchísima presencia militar, no logro entender por qué o para qué ya que a cada paso que damos no sentimos la necesidad  de que esté. Seguimos caminando y conociendo la ciudad, ahora queremos ir al río y contemplas aguas del famoso Amazonas.

A la mañana siguiente, vamos a Puerto Nariño, pequeña población donde nos esperan en la Fundación Omacha, que es una ONG que busca la conservación de la fauna acuática en varios lugares del país y es en la Amazonía donde comenzó con su labor, protegiendo y dando a conocer la importancia del delfín rosado.

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La navegación por el río amazonas dura dos horas y aunque en ocasiones el tiempo se torna un poco largo disfrutamos del paisaje que para nosotros es totalmente nuevo. Además estamos en una época del año en que las aguas del río suben e inundan toda la selva y el panorama es totalmente distinto del que ven las personas que visitan este lugar en época de sequia. El río Amazonas y sus afluentes como el río Loretoyacu, por donde se ubica Puerto Nariño, rigen no solo el ecosistema y la biodiversidad sino también la cotidianidad de las personas que viven aquí. El río da alimento, este mismo conecta a todas las comunidades y también en muchas ocasiones es un espacio de entretenimiento para los niños.

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Llegamos y lo primero de lo que nos percatamos es que no hay autos, el único que existe es el camión recolector de basura que de hecho después de recorrer un poco el pueblo, no sabemos por donde puede pasar porque es todo peatonal. A la gente parece no afectarle que no haya y de hecho muchos piensan que es mejor.

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Para nosotros es perfecto. El medio más común de locomoción es el bote, que puede ser de madera impulsado por un motor o a remo llamado peque-peque y sino también en botes más grandes llamados rápidos con los cuales la gente se conecta con Leticia y otras comunidades.

La arquitectura del pueblo en general es en madera, la gente la puede sacar de la selva pero siempre con ciertas restricciones para no deforestar de manera indiscriminada el bosque.

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En el pueblo hay lugares estratégicos para ver la puesta de sol; dos miradores, uno situado en el centro y otro en un lugar llamado El alto del águila. Son lugares para divisar a todo Puerto Nariño pero sobre todo para disfrutar de los colores que toman los ríos con el atardecer.

La presencia militar es muy notoria en puerto Nariño así con en Leticia, sin tener ningún uso en lo que a nosotros respecta. Así mismo en este lugar del planeta, también ha llegado la religión cambiando tradiciones y hasta haciéndolas olvidar.

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Aquí chicos y grandes disfrutan de actividades deportivas que integran diariamente a toda la comunidad. En su mayoría el deporte que impone es el futbol que no solo lo juegan los hombres sino también las chicas. El baloncesto y el voleibol son deportes practicados con frecuencia. Hay un estadio deportivo que todos pueden disfrutar. La natación también se práctica y que mejor lugar que el río. Niños y niñas se lanzan al Loretoyacu mostrando sus habilidades natatorias para ganar carreras en el agua o simplemente disfrutar entre amigos.

Paseando un poco por las calles nos dejamos cautivar por la belleza en los rostros de la gente de Puerto Nariño, por ejemplo chicas que de manera natural tienen unos rasgos delicados y atractivos, también nos percatamos de una influencia ajena al lugar en los peinados de los chicos, es como una moda pero que seguramente nunca nació ahí.

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Lilia Java y su familia son quienes nos reciben en Puerto Nariño. Ella trabaja en la estación biológica de la Fundación Omacha en compañía de su esposo Aldo Curico, gestionando las actividades y trabajos que la fundación realice.

En la estación encontramos un laboratorio con muchos ejemplares óseos de delfines rosados, delfines grises, manatíes, cocodrilos y otras especies, también existe un centro de documentación que cuenta con muchos libros especializados en flora y fauna del amazonas, de Colombia y con otros títulos interesantes que pudimos ver.

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Nuestra estadía en la fundación nos permite  de aprender mucho más sobre el delfín rosado y de interesarnos no siendo científicos por un ecosistema que es valioso e importante para todo el mundo. Detalles como navegar en una pequeña canoa remando disfrutando las sensaciones que da el río o conocer ciertas técnicas de los locales para ver delfines, no son solo pequeños momentos de un viaje sino que también nos forman y nos enriquecen personalmente.

De nuestra parte hay un intercambio con los niños locales, mostrándoles a través de imágenes de nuestro viaje a Colombia. Ese resto del país que de pronto solo han escuchado en la tele o algunas veces en la escuela. Proponemos también que nos muestren a puerto Nariño por medio de la pintura, dejando volar su imaginación y reconociendo así también su cotidianidad.

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Nuevamente nos sentimos bien acogidos y además nos sentimos afortunados del lugar en el que nos encontramos, más verde no podíamos haber pedido.

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La selva amazónica tiene una variedad de árboles y plantas inimaginable, la cual no solo sirve de refugio para muchos animales, sino también de alimento, son utilizados como medicina para muchas enfermedades o como recurso para construir botes, casas, herramientas de pesca u otros utensilios.

Árboles enormes como la ceiba despiertan aun más respeto por la naturaleza, grandes distancias de bosque inundado nos dejan con la boca abierta y nos erizan la piel con tan solo verlo.

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Que decir de la riqueza animal, aprendemos nombres de aves, de insectos, de mamíferos que no logramos aprenderlos todos. Por supuesto está el protagonista del río amazonas, el delfín rosado, es por el que tanta gente viene a visitar este magnifico paraíso. En definitiva no es difícil enamorarse de la Amazonía, además toda ella es cautivante de principio a fin.

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Nos sumergimos por unos cuantos días en la selva amazónica para sentir las vibraciones de la tierra y dejar que la gran anaconda nos guie los pasos. Aprovechamos al máximo de la vida que transmite el Amazonas, un pulmón en el mundo. Aprendemos de un lugar que no deja de sorprendernos y que deseamos que siga existiendo a pesar de muchos que resisten a que esto pase.

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