El saber Ticuna de la selva y el río

Temprano en la mañana nos dirigimos a Santa Clara de Tarapoto, una de las comunidades indígenas ticunas que viven al lado del río Loretoyacu que es un afluente del río Amazonas del lado colombiano. Vamos con Aldo quien antes de dejarnos en la comunidad nos lleva a hacer avistamiento de delfines y aves en el bosque inundado.

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Aldo es de descendencia brasilera y ticuna, él conoce ciertos secretos del río y también gracias a cosas aprendidas en la fundación acerca de los delfines, nos comparte un poco de sus conocimientos. El Loretoyacu está en calma y parece un espejo de agua. En la mañana las aves están plena actividad y las vemos circundar a nuestro alrededor; aves como cormoranes, camungos, garzas, golondrinas, mochileros, garrapateros, gaviotas y tucanetas son aves que podemos observar antes de llegar a los lagos de Tarapoto.

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Comienza la época de lluvias y las aguas de los ríos están en crecimiento esto hace que muchos de los bosques que se forman en la selva sean navegables. La última gran inundación hizo que el agua montara más de cuatro metros de lo normal, actualmente las marcas se logran ver en cada árbol.

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Al ingresar al bosque parece que entráramos en otra dimensión, Aldo apaga el motor del bote y comienzan a escucharse los sonidos de la selva. A un lado el cantar de las aves a otro el aullido de los monos ardilla que saltan de árbol en árbol advirtiendo nuestra presencia. Mientras que vamos navegando vemos la envergadura de los árboles, de donde caen lianas o bejucos que refuerzan la energía de este magnífico lugar.

Antes de llegar a Santa Clara vamos a encontrarnos con el protagonista de muchas historias aquí en el amazonas y animal por el que los indígenas ticunas sienten mucho respeto, el delfín rosado. También vamos a encontrarnos con su par el delfín gris que se parece al famoso “Fliper” que todos conocemos pero mucho más pequeño. Delfín en lengua ticuna se dice “omacha” motivo por el cual la fundación que nos abrió sus puertas lleva su mismo nombre, también al delfín rosado le dicen bufeo o bugeo y tiene una relación fuerte con los indígenas.

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Aldo, Adri y yo miramos hacia todos los lados ya que estos animales son muy impredecibles y aparecen cuando uno menos lo espera. De repente Aldo grita: ¡al frente! Volteamos nuestra mirada pero ya han desaparecido. Después podemos ver otros detrás de nuestro bote, aparecen y desaparecen. El delfín rosado es el más difícil de ver, saca levemente su cabeza o su lomo a la superficie. Logramos ver dos a lo lejos, son animales excepcionales. Vamos a partir, pues sino pasaremos todo el día persiguiendo su huella en el agua. De repente y como si se estuvieran despidiendo dos delfines rosados pasan a nuestro lado dejando ver su magnifico color, nos quedamos sin palabras.

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Llegamos a Santa Clara felices de esa mañana increíble de aprendizaje y descubrimiento sin saber que aún nos falta más por descubrir. Allí nos recibe Juan Gabriel quien vive con su mujer y sus tres hijos. Con su familia viven 12 familias más. Algunas emparentadas con la familia de él pero con un distinto clan. El clan en la cultura ticuna viene siendo como el linaje de una familia y puede llevar el nombre de una planta o árbol o de un animal de la selva. Las familias se forman por hombres y mujeres de diferentes clanes, nunca del mismo y esto debe cumplirse de generación en generación. El clan de Juan Gabriel es Cascabel, así el de sus hijos pero no el de su esposa pues ella no pierde el clan de su padre.

Juan Gabriel es un hombre que transmite serenidad pero sobre todo amabilidad y alegría, siempre lo vemos con una sonrisa y eso nos contagia. El nos propone hacer una pequeña caminata en el bosque y luego en la tarde ir a pescar de manera tradicional y en la noche hacer avistamiento de caimanes. Nuestro día se vuelve cada vez más entretenido.

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Siempre para ir a la selva es importante llevar como herramienta útil y necesaria un machete. La vegetación es muy espesa y es difícil avanzar con facilidad. Como es una de la zonas más lluviosas del país es normal y cotidiano que te encuentres con barro a cada paso. Nos advirtieron de llevar botas, que es lo que todo el mundo usa pero para nuestro efecto preferimos ensuciarnos un poco antes que padecer el dolor que nos dejan las famosas botas. Mi amigo el repelente, otro artículo necesario, nuevamente no es mi mejor aliado, ya he gastado casi mitad del embace en medio día y no ha funcionado para nada. Yo ya me he resignado a que voy a ser devorada durante mi estadía de diez días, es desesperarme o disfrutar sin importar las picaduras, escojo la segunda opción. Adri ni piensa en el repelente porque como siempre nunca lo buscan a él.

Estar nuevamente en la selva, disfrutar sus olores, escuchar sus sonidos y simplemente caminar en ella es grandioso. Juan Gabriel nos muestra algunos árboles con los cuales trabajan para hacer canoas, otros que utilizan para hacer sus casas o para hacer canastos y escobas. Es alto el conocimiento que los ticunas tienen de la flora amazónica y que se trasmite de manera oral de generación en generación. Por ejemplo nos muestra como de una liana que cuelga de la ceiba, el árbol más grande del amazonas, podemos extraer agua fresca si llegásemos a necesitarla. Con el agua que viene de la alta montaña, ésta es la más rica y fresca que hemos bebido. La selva amazónica es vida y lo estamos experimentando sin lugar a dudas.

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En esta parte selvática la comunidad también tiene espacio para el cultivo, espacio llamado “chagra”, donde siembran yuca, plátano, papaya y hasta caña de azúcar. Estas pequeñas plantaciones las tienen por familias pero solo pueden tenerse si hay permiso del curaca que es el jefe de la comunidad, pues estas plantaciones también generan deforestación.

Después de un rico almuerzo y una siesta que nos hace dormir como si fuésemos perezosos, nos ponemos listos para nuestros dos siguientes aprendizajes ; pesca tradicional y avistamiento de caimanes.

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Pescar, cualquiera puede hacerlo sin problemas, bueno a veces… pero pescar a la manera ticuna es un arte y un saber ancestral. La forma en que pescan normalmente es con una flecha, la cual tiene tres puntas de metal. Ésta la lanzan al rio en el momento en que logran ver el movimiento del pez que quieren tener, eso que no se ve casi nada desde la superficie por lo negra y turbia que es el agua. No sabemos si Juan Gabriel y todos los hombres ticunas tienen visión superpoderosa pero es increíble como llegan a capturar a los peces de esta manera. Ni Adri ni yo nos atrevimos a probar por vergüenza de no poder pescar ni un pequeño ejemplar.

La siguiente etapa del aprendizaje pensamos que puede ser más fácil pues es pesca con caña y esa no parece tener tanto complique, solo es que hay que tener mucha paciencia. Pero lo que pasa, es que la presa que vamos a capturar es nada menos que la famosa piraña. Le preguntamos a Juan Gabriel si ha tenido algunos accidentes y el nos responde que sí. Estos lindos pececitos mordelones pueden dejarte un lindo agujero en la mano si no tienes cuidado. Gracias yo paso. Después de la explicación y demostración, Adri pasa a probar su suerte… Al principio no logra sacar nada pero luego pesca una pequeña piraña, como de unos 12 centímetros.

Entre asustado y emocionado Adri celebraba su victoria. Estos peces pueden llegar a medir hasta 40 centímetros de adulto, no me imagino el tamaño de la mordida. Mi paso por este tipo de pesca no es tan fructífero. Resultado de mi pesca: cero.

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La luz del sol comienza a desaparecer, es hora de ir al lugar exacto donde se encuentran los caimanes. Juan Gabriel los imita muy bien y comienza a llamarlos para que ellos respondan y así salgan de sus escondites. Llevamos una pinza especial para capturar caimanes que solo usaremos para lograr tomar uno y observarlo con más detenimiento. De nuevo nos adentramos en el bosque inundado. Si la primera vez de día fue increíble la segunda vez es indescriptible, son como dos mundos distintos entre el día y la noche.

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La selva se transforma, hay otros sonidos, otros olores y otros animales que salen para poder alimentarse. El reptil que buscamos deja ver solamente sus ojos que al contacto con la luz de nuestras linternas parecen dos luces rojas en medio de la basta vegetación que hay sobre el río. Avanzamos con el bote de manera medianamente rápida hasta que Juan Gabriel apaga el motor y comienza a utilizar el remo para movernos más lentamente. A lo lejos dos ojos rojos, un caimán a la vista, él también nos ve y se pierde entre los árboles.

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Nos metemos más al interior del bosque inundado. Yo me pongo a pensar si encontraremos el camino de regreso en plena obscuridad. De repente aparece un segundo caimán y con las pinzas especiales logramos atraparlo. Es un caimán cocodrilo, es joven y no muy grande. Lo sostenemos en nuestras manos, tiene una textura bastante particular pero es su olor bastante acido el que me causa más impresión. Juan Gabriel nos enseña como saber si es hembra o macho ; debajo del animal, escondidos, se pueden ver sus órganos genitales. El que hemos atrapado es una hembra. La liberamos y rápidamente ella desaparece de nuestra vista. Así, de regreso a Santa Clara comenzamos a ver varios pares de ojos más.

Si yo me pregunto como saldremos del lugar donde vimos los caimanes, la respuesta está ante nosotros, Juan Gabriel es un GPS humano del río, lo conoce como la palma de su mano y así como él, también lo conocen todo los hombres que pescan en estas aguas. Adri y yo estamos estupefactos. Volvemos a través de los lagos de Tarapoto bajo la luz de la luna, llenos de aprendizajes y sobre todo llenos de ganas que todas estas tradiciones no desaparezcan nunca.

Al día siguiente vamos con Aldo y su familia a su comunidad ; San Francisco. Ésta es la más grande después de Puerto Nariño, cuenta con más de 400 habitantes. Es una población con bastantes niños con los cuales podemos realizar un pequeño taller, haciéndoles descubrir otros lugares de Colombia. Durante todo el día el clima es estupendo, esto nos deja disfrutar del río y jugar con los hijos de Aldo, volvemos a ser chicos por un momento.

Aunque como en muchas otras comunidades indígenas de Colombia, han llegado costumbres de occidente hasta las comunidades ticunas, muchas de sus tradiciones aún existen y son importantes para ellos. La relación con el río, con los seres que allí viven y la cohabitación en la selva con otros animales son motivos por los cuales la Amazonía tiene la relevancia que tiene en el mundo. No solo  hay una riqueza en biodiversidad sino también en cultura ancestral, las cuales se funden para ser una sola y transmitir vida.

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