Adrien TISSERANT

Tengo 30 años y soy francés… pero lo que me caracteriza verdaderamente es más mi parte viajera, aventurera, deportista y mi gusto por la naturaleza. Pasé la última década entre Francia, el Caribe y Latinoamérica, trabajando o viajando.

A los 20 años, comencé una carrera de ingeniero ambiental, sintiendo interés por la naturaleza y su protección y después de 3 años de vida estudiantil en Estrasburgo me gradué en 2009. Lo que me marcó más durante este tiempo fue lo que viví en Costa Rica donde pasé 3 meses inolvidables. Estuve ahí por una pasantía sobre el tema de la gestión del agua. Más allá del trabajo, viajé bastante como mochilero; caminé, buceé, hice bici, tomé buses, barcos, lanchas, etc… Tuve la oportunidad de encontrar mucha gente con otros modos de vida y descubrí con alegría la exuberancia de la fauna y la flora centroamericana. Volví muy feliz, contento de conocer más el mundo y a mí mismo, con la cabeza llena de sueños, la intención de cumplirlos, sabiendo que todo es posible si uno lo quiere sinceramente.

Luego, fui a vivir al Caribe, más precisamente en Martinica, donde empecé a trabajar como jefe de proyectos y me quedé ahí por 3 años y medio. Este trabajo me permitió crecer teniendo responsabilidades y bastante libertad. Viví en este microcosmo a la vez paradisiaco y paradójico, con toda su complejidad relacionada con su historia, no como “extranjero”, pero integrándome y con las ganas de no ser solo un espectador. Me encantó tanto la alegría de vivir de la gente del Caribe como la riqueza y la belleza de las islas de las Antillas. Puedo decir que fue una muy buena experiencia de vida insular, pasé años inolvidables en esta isla tropical donde me sentí como en casa, pero adentro las ansias de viajar como nómada eran cada vez más grandes…

Hice muchos viajes itinerantes en Europa, el Caribe o Latinoamérica de unos días a unas semanas que sea en bici, a pie o en transportes en común, solo o con gente, pero nada de muy largo y en eso tenía el corazón puesto. Es por eso que, de manera muy natural y después de unos meses de reflexión, decidí dejar un poco mi vida laboral para dedicarme a mi vida viajera…

Así, a los 25 años comencé un viaje en bici llamado “Los Andes en bicicleta” de Caracas a Ushuaia. Aunque al principio tenía ganas de viajar durante 2 años por 3 continentes, decidí empezar por Suramérica siguiendo la larga Cordillera de los Andes, con la intención firme de recorrer todo en bici desde el Caribe hasta la Tierra del Fuego. Había decidido también de entrar lo más posible en contacto con la gente, compartiendo el día a día con ellos porque para mí, uno no conoce un país si no conoce sus habitantes. No solo quise ver magníficos paisajes sino quise vivir también esta experiencia en contacto con la naturaleza y la gente. Fue una aventura increíble que me enriqueció en lo personal. No quiere decir que eso me transformó, porque todo se dio de manera fluida, pero realmente me permitió crecer aún más. Quizás un año de viaje no te hace madurar tanto, pero si sabes estar bastante abierto a todas las experiencias que vives, el viaje te llena mucho porque cada día ves nuevos lugares, encuentras nuevas personas y estas confrontado a nuevas situaciones.

Podría decir que encuentro mi equilibro en movimiento, ¡como una bicicleta! Cambiar nunca me dio miedo, al contrario, me anima y me estimula. Por eso, no me dio miedo cambiar totalmente de trabajo dos años más tarde… En efecto, después del viaje en los Andes, volví a trabajar como ingeniero, pero en otra empresa y en otra isla del Caribe sabiendo que eso no iba a durar y al final del año 2013, decidí dejarlo. Además, había encontrado en Ushuaia la mujer que ahora es mi esposa; Juliana. Vivir a distancia fue una experiencia que fortaleció nuestra relación. Pero, después de 10 meses, era tiempo para vivir juntos. El año 2014 fue rico en cambios de vida. Volví a Ushuaia para estar con ella, viajamos por Patagonia a dedo, fuimos a Europa donde viajamos unos meses en combi VW, nos casamos en Francia y empecé una formación de educador deportivo, iniciando así mi cambio de rumbo profesional para luego trabajar como guía de deportes outdoor.

De niño practico actividades deportivas y eso hace parte de mi vida. No puedo imaginar mi vida sin el deporte, más que todo el que se practica al aire libre, en la naturaleza. Sin duda la bicicleta es mi actividad favorita y no es por nada que viajo en bici desde años. Pero también me encanta caminar, correr, nadar, remar, esquiar y escalar. De joven descubrí muchos deportes: era el tiempo del aprendizaje. Después empecé a entrenarme y competir, sobre todo en ciclismo, trail, triatlón y “raids” multideportivos: era el tiempo del perfeccionamiento. Ahora, transmito mis conocimientos guiando niños, jóvenes o adultos en kayak, en bici, a pie, mismo en escalda en la naturaleza (mar, montaña, ríos, bosques, campos…) valorándola: es el tiempo de la transmisión. Siempre consideré las actividades deportivas como un medio para sentirse bien, vivo, feliz y para tomar placer y ser sano de cuerpo y mente.

Así, viajar como lo hacemos con nuestro proyecto Horizontes Salvajes, de manera nómada en contacto con la naturaleza y las culturas, me genera felicidad porque puedo vivir en harmonía con mi entorno y además lo hago con la persona que amo. Como dije, encuentro mi equilibro en movimiento. Ya hace años que vivo para viajar, descubrir nuevas culturas y nuevos horizontes y lo quiero seguir haciendo. ¡Vamos a viajar!